Taller de Mùsica e Instrumentaciòn

El Taller de Mùsica "SOL ORIENS" les ofrece una enseñanza a corto plazo, para tocar como los Grandes, tanto como en la Mùsica Clàsica como en Mùsica Urbana como el Jazz-Rock y Ritmos Bailables. Aprenda a interpretar a quien usted quiera, estamos para servirle

miércoles, 18 de abril de 2012

LA ORQUESTA CONTEMPORÀNEA

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Con Mahler y Strauss asistimos al apogeo de la gran orquesta,
 un apogeo que representó la culminación de un proceso
 y la abertura conceptual -particularmente en Mahler-
 hacia el futuro.
 Ambos músicos sintetizaron en su obra todas las
 innovaciones de la música europea del siglo XIX
 apoyándose en argumentos literarios que permitían integrar
 el sensitivo y maravilloso timbre de la voz en la orquesta.
 Sobre la base de los desdoblamientos por familias
 instrumentales y un acrecentamiento del grupo de metales
 que se correspondía con una gran profusión de instrumentos
 de percusión, ambos compositores abordaron enormes
 orquestas que parecían realizar al fin el sueño de Berlioz.
El importante fenómeno nacionalista que surgió a mediados
 del siglo XIX y que encontró en Rusia, con el Grupo de
 los Cinco, una vitalidad dio a la música de aquel país una 
proyección capaz de extenderse hasta la brillante
 orquesta rusa del siglo XX.
El famoso Grupo de los Cinco, integrado por Balakirev,
 César Cui, Musorgski, Rimski-Korsakov y Borodin,
 va a insuflar una nueva savia a la música culta a partir de
 la popular las melodías orientales, que favorecen un
 colorido tímbrico nítido y recortado en su arabesco,
 van a poner de relieve una manera nueva de orquestar
 a partir de los timbres puros e individualizados de la orquesta.
 Esta coloración orquestal de la música rusa, tan distinta
 a las mixturas occidentales, será un factor decisivo que, 
en cierta manera, influirá en el concepto instrumental del
 impresionismo francés. Ambos países han tenido siempre
 un agudo sentido de la valoración del timbre, unos trazos
 lumínicos inconfundibles que están muy lejos de la
 ampulosidad germánica.
 No es por azar por lo que la mejor orquestación de los
 Cuadros de una exposición de Musorgski fue realizada
 por el más exquisito orquestador que ha tenido Francia:
 Maurice Ravel. Como tampoco es casual que el Pelléas
 et Mélisande de Debussy naciera a la sombra del
 Borís Godunov.
Quizá no debiera separarse de manera disyuntiva
 la orquestación propiamente dicha del concepto 
de composición.
 A medida que avanza el siglo, a través de las intuiciones
 colorísticas rusas y en la medida en que nos acercamos
 al impresionismo musical, las combinaciones instrumentales
 inéditas quedan cada vez más integradas dentro del
 pensamiento global que combina la estructura con
 el color.
 Así como en el impresionismo pictórico la matización
 cromática llega a imponerse a veces al propio sujeto 
del cuadro, en la música se multiplican los matices,
 se precisa si los violines deben tocar a punta d'arco,
 sulla tastiera o sul ponticello, se enriquece con toda
 clase de observaciones la manera como debe ser
 atacada una nota o una frase, o sea, el pentagrama
 se puebla con una selva de imágenes poéticas que
 pretenden crear un estado de espíritu.
La música del siglo XX se caracteriza por un estricto 
revisionismo en todos los órdenes establecidos,
 por un cuestionar la tradición, por investigar hechos
 subjetivos y objetivos, físicos y estéticos, hasta llegar
 a las mismas fuentes que les dieron origen.
 La música, como las demás ramas del saber,
 ha sido objeto de un estudio empírico y teórico que
 la ha llevado al descubrimiento de nuevos aspectos
 en la constitución misma del sonido y a cambios
 de importante repercusión estética.
El siglo XX se ha permitido el lujo, después de
 la fastuosidad posromántica, de investigar y profundizar
 en la esencia misma del timbre; su especulación le ha
 llevado a descubrir aspectos inhabituales en la manera
 de tratar los instrumentos de siempre: el compositor
 ha descubierto que las cuerdas del violín pueden ser frotadas
 -y hasta percutidas- con la madera del arco (col legno)
 produciendo una sonoridad distorsiona da; que se las
 puede frotar normalmente en un extremo, casi encima 
del puente (sul ponticello), lugar donde la cuerda no vibra
 en toda su amplitud, dando como resultado
 un sonido metálico y penetrante; que puede usar 
del trémolo labial en los instrumentos de viento
 (frullato o Flatterzunge), etc.
 Poco a poco se ha conseguido una sonoridad siglo xx
 con una cantidad importante de recursos que amplifica
 y prolonga los medios tradicionales.
 Una partitura de Schönberg o de Berg suele estar
 vestida con tal lujo de detalles, poblada de tal cantidad
 de matices, que su lectura resulta en extremo ardua
 y compleja.
El espectro tímbrico de la música de nuestro siglo es
 de tal riqueza que ha llegado incluso a desbancar a 
otros elementos musicales, como la melodía o
 la medida del ritmo, que parecían de primer orden.
 Una composición musical, desde hace tiempo,
 puede justificarse fundamentalmente por el color.
 Así, la transmutación tímbrica de un acorde fijo
 que pasa por distintos instrumentos irisándose
paulatinamente -como sucede en la tercera de las
 Cinco piezas para orquesta, Op. 16 de Schönberg, 
que ostenta el título de «Colores», o como en la «melodía
 de timbres» la famosa Klang farbenmetodie de 
la Escuela de Viena, que consiste en un cambio de
 instrumento a cada nota de una melodía- da por
 resultado una secuencia de multicolores puntos
 en sucesión.
 Quizá por paralelismo con la pintura pueda hablarse de
 «puntillismo musical», como sucede en muchas obras de
 Webern, particularmente en la Sinfonía Opus 21, cuyos
 sonidos rodeados de silencios quedan aislados entre sí,
 aunque unidos por un inaudible y misterioso hilo conductor.
 La orquesta queda aquí, sin embargo,
 reducida a su mínima expresión.
El fenómeno del jazz, por ejemplo, ha sido uno de los
 más revolucionarios; una trompeta o un trombón en labios
 de un virtuoso del jazz nada tiene que ver con la
 utilización que el pasado había hecho de estos instrumentos.
 El modo en que en Nueva Orleans -sin duda por
 desconocimiento- se emplearon estos instrumentos
 abrió un campo insospechado de posibilidades que
 revirtieron en la música de concierto.
 Stravinski supo aprovechar estas nuevas perspectivas,
 las hizo suyas y las incorporó a sus siempre
 revolucionarias producciones.
 La aportación que la improvisación jazzística ha hecho
 con los instrumentos clásicos ha permitido descubrir 
aspectos completamente desconocidos de virtuosismo
 en la ejecución, ampliando extraordinariamente 
los recursos habituales.
 Ya hemos hablado de la brillantez orquestal de 
la escuela rusa. 
Stravinski, por ejemplo, utilizará una escritura orquestal
 siempre efectiva en su trazo virtuosista. Citemos,
 a título de ejemplo, Petrushka, La consagración de
 la primavera y El pájaro de fuego o, dentro del género
 menor, la reducida elección instrumental de 
La historia del soldado, en la que intervienen un instrumento
 agudo y uno grave de cada familia: un violín y un contrabajo,
 un cornetín y un trombón, un clarinete y un fagot,
 todo ello acompañado de un rico despliegue de la percusión.
En sus obras Bartók explícito siempre hasta los más
 insignificantes detalles, como la distribución de
 los ejecutantes, la colocación de los instrumentos de 
percusión, etcétera.
 De aquí al concepto de sonido estereofónico o
 relieve espacial sólo hay un paso.
En la mayor parte de las obras de este siglo
 -como ya habrá podido observarse- se ha concedido
 una atención cada vez más importante al grupo de 
la percusión, el cual, al ampliar las relaciones disonantes
 y la indeterminación sonora, ha ido encontrando un mundo
 cada vez más a su medida, un mundo que le ha permitido,
 a su vez, amplificar extraordinariamente su gama de timbres
 como una prolongación necesaria y lógica de la 
creciente evolución tímbrica de la orquesta.
 Así encontramos familias enteras dentro del sonido 
indeterminado de címbalos, de exóticos instrumentos 
de membranas (bongos, tam-tams, tumbas), 
escalas completas de temple blocks chinos, cencerros,
 variedades de litófonos, etc.
 Es, desde luego, un campo abierto a todas las
 posibilidades que se ha convertido en uno de
 los grupos predilectos (combinado con instrumentos
 percusivos de entonación fija como el xilófono,
 la marimba o el vibráfono, a los que podría añadirse
 también la celesta) de la especulación contemporánea.
Aunque parcial y entrecortadamente enunciado,
 con lo expuesto queda claro, sin embargo,
 que el siglo XX tiene una manifiesta preocupación por
 el hecho tímbrico.
 Podríamos todavía continuar esta relación dejando
 testimonio del piano preparado de John Cage,
 de la invención de las ondas Martenot tan oportunamente 
utilizadas por Messiaen-, de la significación que ha tenido
 para la historia del timbre contemporáneo 
la música electrónica, la música concreta de Schaeffer 
o el estudio acústico que el laboratorio ha permitido
 hacer sobre el sonido en cuanto hecho físico.
 La visualizaron de las ondas, la manipulación directa
 en la cinta magnética del espectro tímbrico y la posible
 descomposición de la superposición de ondas 
en curvas simples sinoidales ha abierto un campo 
de conocimiento que permite realizar una nueva química
 con el sonido y jugar -la creación siempre será juego-
 a componer con un mejor conocimiento de
 los elementos base.
 De este modo, las obras escritas después de esta
 experiencia con los instrumentos tradicionales de
 la orquesta, como sucede con Atmósferas, 
de Ligeti, crean la sugestión de una sonoridad
 de carácter futurista.

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Hoy existen posturas muy diversas y una información instantánea a nivel mundial que multiplica sobremanera las investigaciones técnicas y estéticas sobre el arte y la música en particular. Tanto Oriente como Occidente han recibido mutuas influencias (desde la sonoridad de los gamelans de la isla de Bali, hábilmente sugeridos en Amores, de John Cage, hasta la incidencia de la música americana al otro lado del planeta), que pueden ser observadas en los mas nimios detalles de las músicas de la posguerra.

LA ORQUESTA POSTERIOR A BEETHOVEN

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Berlioz amplió el papel y la extensión de la orquesta.
 Desde sus primeras obras hizo uso del contrafagot, del 
corno inglés, de cuatro trompetas, de tres o cuatro timbales
 (Benvenuto Cellini, Sinfonía fantástica), del clarinete bajo, de
 cuatro arpas e incluso del piano tocado a cuatro manos.
 Ciertamente, todas las obras de Berlioz abundan en
 efectos originales, pintorescos o graciosos, como aquel
 sarcástico delclarinete «requinto» en la Sinfonía fantástica
 o la utilización de cuatro pianos -caso único- en La tempestad.
 Subrayemos todavía algunos curiosos procedimientos, 
como el uso, más ligero, de las baquetas de esponja en los
 timbales, el ataque en los instrumentos de cuerdas con la 
madera del arco (col tegno), el uso extendido de la 
sordina para los instrumentos de viento o la función que
 desempeña la mano al tapar el pabellón de las trompas
 para producir un sonido velado y corregir ligeramente 
la afinación.
 Todo ello Berlioz lo trata exhaustivamente en su famoso
 Tratado de instrumentación, obra magistral escrita en 1844
 y que es un verdadero compendio de estética musical 
aplicada que aún hoy tiene autoridad.
Contemporáneo de Berlioz, aunque 10 años menor que él,
 Wagner entendió la orquesta dramática imbricada dentro 
de este nuevo concepto.
 En realidad Wagner perfecciono las principales aportaciones
 del músico francés acomodándolas a su verbo en una textura
 más tupida y un aliento dramático más conforme a su
 naturaleza germánica.
La gran evolución experimentada por ciertos instrumentos
 va a permitir nuevas aventuras y especulaciones tímbricas;
 casi podría decirse que las nuevas potencialidades
 de la orquesta nos sitúan ante un instrumento colosal, de
 registros sutiles, que muy poco tiene que ver ya con la plantilla
 clásica del siglo anterior.
 Los principales protagonistas de estos cambios van a ser los
instrumentos de metal y su proliferación dentro de este
 organismo sonoro servirá para cumplir no una función
 subsidiaria, como en la orquesta de Haydn, sino un papel
 esencial. 
Estos instrumentos van a permitir, gracias al mecanismo
 de los pistones, obtener todos los sonidos de la escala
 cromática y participar de pleno derecho en la textura orquestal. 
Éste es, sin lugar a dudas, el progreso técnico más 
considerable que aportó el Romanticismo a la orquesta.
 A partir de aquí, al sentirse progresivamente liberada,
 la orquesta aumentó su potencia y su registro.
 La suma de instrumentos diversos añadió mayor complejidad
 a la partitura, que, si en una etapa anterior podía contar con
 un número discreto de pautas -alrededor de unas doce-
 que debían leerse verticalmente, en la orquesta moderna
 puede dar cabida a un número extraordinario que puede
 llegar a 40 pentagramas simultáneos
. La nueva potencia del metal exigió, pues, un nuevo equilibrio
 de toda la masa instrumental, de modo que el número de
 las cuerdas pudiera llegar a compensar el peso del viento.
Pero aquí surge una pregunta lógica: si Wagner escribió
 para la voz y ésta debía fusionarse con la orquesta,
 ¿cómo podía prevalecer por encima de un aparato sonoro
 como, por ejemplo, el de la Tetralogía?
 El trato de la voz en la obra de Wagner es de una 
tensión y envergadura muy superiores a las de la ópera
 convencional; su melodía, sus giros, la extensión de sus
 saltos se ajustan al contenido del lenguaje tanto armónico
 como orquestal. Wagner enten dió la orquesta como
 un cuerpo unitario y él mismo -al preocuparse por la 
construcción de nuevos instrumentos de metal para
 intensificar la magnitud de sus dioses- calculó la sonoridad
 algo tamizada de la orquesta en el foso del teatro.
 En el drama wagneriano la orquesta no sólo comenta,
 sino que interviene en la acción; la técnica del leitmotiv
 permite reconocer por un juego de símbolos no sólo 
la presencia de los personajes en la textura instrumental, 
sino incluso sus sentimientos, sus intenciones,
 sus pensamientos secretos, de modo que la orquesta
 se convierte en un hilo conductor del drama a un nivel
 subconsciente para el espectador.
 Por esto su lugar es el foso, y es desde el foso desde
 donde el director -coordinador de todos los elementos-
 planifica el difícil diálogo voz-orquesta.

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LA ORQUESTA DE BEETHOVEN

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Beethoven ya no fue un compositor del Antiguo Régimen, maestro
 de capilla al servicio de un gran señor, sino un compositor independiente
 que conquistó al público con la fuerza de su personalidad.
 En el siglo XIX el acto público del concierto tomó otra significación.
 El compositor dejó de ser un funcionario de corte para convertirse
 en un bohemio independiente (Schubert, Berlioz) que vivía -y moría
- por y para su arte
. Este cambio de actitud crea nuevos planteamientos que van a incidir
 en una nueva música orquestal.
Un hecho considerable, y que no siempre se ha tenido muy en cuenta,
 fue la mayor dimensión de la nueva sala de conciertos.
 De ahí se desprende un aspecto funcional del hecho acústico que dará 
lugar a nuevas potencialidades sonoras y en donde el campo de
 intensidades, los forte y los piano, aumentarán su ímpetu y suavidad,
 así como su poética de contraste.
Lógicamente, la orquesta había de contribuir con sus timbres y su
 estructura evolutiva a afianzar este estado de cosas.
 Así pues, la presencia del clarinete como instrumento de reciente
 adopción -que empezó a afianzarse en las obras de Mozart-
 tomó cuerpo sustancial en la obra orquestal de Beethoven y fue
 a partir de este momento un timbre imprescindible en la orquesta.
Sin embargo, la envergadura de la nueva orquesta hizo sentir
 cada vez más la limitación de los instrumentos de embocadura
 como la trompa o la trompeta, que obligaban a hacer mil equilibrios
 al compositor.
 La función que desempeñaron en el nuevo organismo siguió siendo
 la del tradicional sostenimiento de la armonía y la de potenciar,
 en lo posible, la sonoridad plena.
 Pero estos instrumentos, incluida la tuba, rudimentarios aún en esa
 época, deberán esperar hasta mediados de siglo para encontrar
 su principal desarrollo con la invención de los pistones, mecanismo
 que permitirá la unificación general de la escala.
 Aunque Beethoven tuvo que luchar contra todos estos escollos
 técnicos, sus aportaciones en el campo de la orquestación fueron
 extraordinarias. Si bien su plantilla instrumental es bastante similar
 a la utilizada por Mozart en su última época, aun cuando añadió
 trombones, flautín o contrafagot en alguna de sus sinfonías y
 en la Novena amplió el grupo de la percusión, su tratamiento de
 la orquesta, más enérgico e impetuoso, tiene otra dimensión.
 Así mismo dará también a los instrumentos solistas del grupo de
 la madera (flauta, oboe, clarinete o fagot) un valor expresivo
 todavía inédito; las cuerdas adquirirán una fuerza dramática,
 un vigor de sonoridad insospechada hasta entonces,
oponiendo a este grupo el de la madera y el del metal hasta 
alcanzar una intensidad de colorido y una acentuación rítmica
 completamente originales. Ciertamente, como dice Boucorechiiev
, «uno de los signos más evidentes de una nueva concepción 
de la orquesta, donde todos los instrumentos son llamados de 
pleno derecho a asumir funciones especiales, es la extralimitación
 de la supremacía de las cuerdas, de los violines en particular»,
 pero también de los contrabajos
 (como aquel magnífico efecto de la tempestad en la Sinfonía 
«Pastoral» en el que los contrabajos descienden, para simular
 el rugido de los elementos desencadenados, a unas tesituras
 graves nunca conseguidas).
 Beethoven alcanzó los límites de las posibilidades instrumentales;
 de su arrolladora necesidad de expresión se desprende una fuerza
 que rebasa los cánones establecidos y da paso a una nueva
 exigencia instrumental que pone a prueba las verdaderas
 capacidades del intérprete.
 En su orquesta los violines aumentan en el agudo la extensión
 de su escala y la utilización de los instrumentos de viento es
 progresivamente más efectiva. Poco a poco se hace sentir la
 necesidad de un nuevo equilibrio y de una mayor cantidad de
 unidades en las cuerdas para compensar la progresiva importancia
 de los instrumentos de viento.

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LA ORQUESTA CLÀSICA

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A mediados del siglo XVIII se inicia lo que podríamos llamar proceso de
 «estandarización» de la orquesta. De manera paulatina, los instrumentos
 van siendo anotados explícitamente en la partitura, con lo que se
 deja de lado, cada vez en mayor medida, la tendencia a la accidentalidad
 de las épocas anteriores.
 Aproximadamente entre 1750 y 1800 se asiste a la consolidación de la
 orquesta sinfónica; a partir de entonces este conjunto,
 con bases específicas en cuanto a su constitución, se desarrollará
 tanto cuantitativa como cualitativamente (mejoras técnicas y, por lo tanto,
 cambios relevantes en el sonido de los instrumentos),
 proporcionando la total variedad de giros orquestales conocidos en el 
siglo XIX y en el XX.
Dos fueron los centros de producción musical más importantes de 
aquella época, catalizadores del «nuevo estilo» y forjadores de la
 sonoridad del nuevo concepto sinfónico de la orquesta: Mannheim
 y Viena.
 En estas ciudades, más que en cualquier otro sitio, se fraguó la
 realidad de la forma sinfonía.
 Mannheim disponía de unos excelentes medios materiales
 para experimentar en este campo: una orquesta disciplinada y estable
 cuya calidad pudo apreciar Mozart.
 La orquesta fue conocida por la utilización de unos recursos, como el
llamado crescendo Mannheim, que en realidad no fue invención
 de los miembros de este grupo.
 Uno de sus principales directores fue Johann Stamitz (1717-57),
 también fructífero compositor que introdujo notables cambios tanto
 en el arte de la instrumentación como en los motivos musicales básicos
 del material sinfónico.
 En Viena destacaron una serie de compositores a los que, por
lo general, no se ha tenido demasiado en cuenta, como Matthias
 Georg Monn (1717-50), considerado el más importante por sus
 aportaciones al concepto estructural de la sinfonía.
 Pero fue con Haydn y Mozart con quienes esta forma alcanzó el
 desarrollo que llevó directamente a las realizaciones beethovenianas.
A principios del período clásico, la orquesta estaba compuesta por
 dos oboes, dos trompas y el grupo de cuerdas.
 Poco a poco se fueron incorporando otros instrumentos de viento,
 como las flautas traveseras -por estas fechas la flauta y el oboe 
eran tocados por un mismo instrumentista- y las trompetas.
 Como elemento de precisión rítmica se hizo uso de los timbales
. Los trombones, en cambio, no tuvieron lugar en la orquesta sinfónica;
 su utilización quedó relegada a la música sacra -en la que doblaban
 las partes de contralto, tenor y bajo- y a la ópera.
 El fagot, que no siempre estaba escrito en la partitura fue utilizado
 regularmente y adquirió a finales del clasicismo, cierta autonomía,
 alejándose así de la simple función de duplicar la línea del bajo que
 se le había encomendado en un principio.
Las trompas y las trompetas pasaron a ocupar el papel de
 «pedales de la orquesta», con lo que el bajo continuo vio
 disminuido su papel.
 De hecho, la desa parición del continuo comenzó hacia 1760,
 aunque no fue totalmente abolido en la práctica musical hasta
 finales del siglo XVIII. El órgano y el clave, como sustentadores
 del desarrollo armónico, cumplieron, aún durante algún tiempo,
 un significativo papel en la música sacra y en la realización
 del recitativo seco.
 El clave se sobreentendía en la ejecución de la música sinfónica,
sobre todo en la fase temprana del clasicismo, cuando los instrumentos
 de la orquesta no asumían la totalidad de las relaciones armónicas.
 El compositor actuaba como director desde el clave, concertando
 a los distintos grupos instrumentales.
 No era otra cosa lo que Haydn hacía cuando dirigía a la orquesta de
 los Esterházy. Y desde el clave dirigió sus últimas obras cuando,
 en 1791, se presentó en Londres. Sólo la participación activa de los 
instrumentos de la orquesta hará comprensible el discurso 
armónico, lo cual, unido a la nueva concepción del lenguaje musical,
 acabará desterrando definitivamente el uso del bajo continuo.
Uno de los instrumentos que tendrán una prodigiosa evolución a
 través de los diferentes usos que de él se han hecho a lo largo de
su historia, va a hacer su aparición gradual a partir de 1750.
 Este instrumento fue el clarinete.
 Al parecer, la ascendencia del clarinete se encuentra en la
 familia del chalumeau, grupo que cuenta con varios instrumentos
 de diversos tipos y tamaños
. El clarinete fue empleado de manera intermitente en la primera
 mitad del siglo XVIll -se dice que la primera mención de este 
instrumento en una partitura, concretamente en una misa de Faber,
 data de 1720-. Sin embargo, compositores como Haendel y Rameau
 lo incluyeron en muy pocas obras.
 En cambio la renombrada Orquesta de Mannheim lo convirtió
 en instrumento fijo, incorporando dos al conjunto hacia 1758
 Pero fue Mozart quien, a finales de siglo, abrió el camino a
 este instrumento.

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LA ORQUESTA BARROCA

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En la época de Claudio Monteverdi (1567-1643) la orquesta era un conjunto
 variable de instrumentos cuya selección dependía de la cantidad de músicos
 disponibles en un determinado momento  y lugar.
 En la primera página de la partitura impresa de su Orfeo, Monteverdi  deja
 constancia de los instrumentos requeridos -que serán los del estreno
  de esta obra en la corte de Mantua-, aunque, como solía ocurrir en
 aquel tiempo, se trataba de indicaciones generales que podrían ser
 modificadas según las circunstancias.
 Para esta ocasión la orquesta estaba compuesta de la siguiente manera:
 duoi gravicembani (dos instrumentos de teclado cuyas cuerdas responden
 al ser pulsadas por plectros; clave o espineta), duoi contrabassi  de viola
 (contrabajo de la familia de las violas, también denominado violone), 
 dieci viole da brazzo (de la familia de las violas), un arpa doppia (arpa de
 doble encordadura), duoi violini piccoli alla francese (afinados una cuarta
 o una tercera menor por encima del violín normal), duoi chitaron!
 (miembro grave de la familia del laúd, con cuerdas de metal), duoi organi
 di legno (órganos con tubos de madera), tre bassi da gamba,
 quattro trombón!, un regale (órgano pequeño de una sola hilera de tubos
 de lengüeta), duoi cornetti (instrumento recto o un poco curvado, sin pabellón
 y con orificios para los dedos al modo de la flauta dulce),
 un flautino alla vigésima secunda (pequeña flauta de tres octavas),
 un clarino con tre trombe sordina (trompeta de ocho pies, en do, y
 tres trompetas con sordina).
De todo lo dicho se deduce que la orquesta en la música de
 Johann Sebastian Bach (1685-1750), a pesar de evidentes y reales
 progresos, no había alcanzado aún un grado de uniformidad,
 ni delimitado suficientemente la constitución de una plantilla básica.
 No obstante, puede hablarse de un instrumental más o menos fijo 
en las obras orquestales de Bach y de sus contemporáneos: dos flautas
 traveseras, dos oboes, uno o dos fagots, dos cornos da caccia,
 dos trompetas, timbales, cuerdas (violines primeros y segundos;
 violas) y continuo: violoncelo, contrabajo e instrumento de teclado
 (órgano o clave), con la participación del fagot.
 La plantilla instrumental del Magníficat incluye tres partes de trompeta,
 suprime los cornos y hace uso, además, del oboe d'amore.
Muchos de los instrumentos citados, a excepción de los que forman
 el continuo, que se hallan casi siempre presentes, están reservados
 a momentos concretos de la obra que resaltan aspectos expresivos o
 simbólicos determinados.
 Algunas partes de la composición están confinadas, en la música
 de Bach, a sonoridades como las del oboe d'amore, el oboe da caccia
 o la viola d'amore, que no están incluidas en la lista que hemos dado
 más arriba, y que sirven de base a momentos de significado lirismo y 
cantabilidad con una correspondencia particular en las formas de aria y 
de recitativo acompañado.
 Los oboes da caccia y d'amore fueron ampliamente utilizados por Bach.
 En la Pasión según San Mateo pueden encontrarse bellísimos ejemplos.
 El oboe da caccia, cuya altura se sitúa por debajo de la del oboe normal,
 cayó en desuso después de la época de Bach. 
El oboe d'amore, instrumento situado entre el oboe propiamente dicho
 y el corno inglés, de timbre muy característico, es fácil de identificar por
 la forma de campana de su pabellón.
 Ha sido usado de manera infrecuente en algunas partituras modernas 
(Ravel, Strauss). La viola d'amore es un instrumento de singular sonido
 debido, en parte, a las «cuerdas simpáticas» tendidas bajo el diapasón
. Bach la utiliza en la Pasión según San Juan y en algunas otras de sus obras.
 Otro tipo de oboe es el denominado taille, que, de hecho, 
es un oboe tenor en fa.
 Muchas de las cantatas de Bach requieren este instrumento.

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HISTORIA DELA ORQUESTA

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La palabra orquesta procede del griego y significa "lugar para danzar".
 Esto nos retrotrae alrededor del siglo Vº a. J. cuando las representaciones
 se efectuaban en teatros al aire libre (anfiteatros).
Al frente del área principal de actuación había un espacio para los cantantes, 

danzarines e instrumentos.
 Este espacio era llamado orquesta. Hoy en día, orquesta se refiere a
 un grupo numeroso de músicos tocando juntos, el número exacto depende
 del tipo de música.
La historia de la orquesta en tanto que conjunto de instrumentistas se

 remonta al principio del siglo xvi. Aunque en realidad este grupo "organizado"
 realmente tomó forma a principios del siglo XVIII. Antes de esto,
 los conjuntos eran muy variables, una colección de intérpretes al azar,
 a menudo formados por los músicos disponibles en la localidad.
En nuestros días distinguimos:
las orquestas de cuerda, que están compuestas de 1.1 y 2.0 violines,
 violas, violonchelos y contrabajos.
las orquestas sinfónicas, compuestas por numerosos instrumentos de
 viento en madera y en metal, instrumentos de percusión y un grupo de cuerda.
las bandas de música, compuestas de instrumentos de viento en metal,
 saxofones e instrumentos de percusión y con frecuencia un contrabajo.
las orquestas de armonía, compuestas de los citados instrumentos por
 grupos de tres, más instrumentos de madera, sobre todo clarinetes,
orquestas de cámara, compuestas de instrumentos de cuerda, aumentadas
por algunos instrumentos de viento madera y metal.
las orquestas de uso especial, cuya composición es variable: orquesta de jazz,
 de salón, de mandolinas, de balalaicas, etc.
Hasta 1750 aproximadamente, las orquestas estaban compuestas, sobre todo,
 de instrumentos de cuerda. de madera (flautas, oboes, fagots), de trompas,
 trompetas, dos timbales y un bajo continuo (clavecín con viola da gamba o
 violonchelo).
 La Escuela de Mannheim incorporó el clarinete a la orquesta y desapareció
 el clavecín.
 El creador de la orquesta bajo la forma en que la conocemos actualmente
 fue Haydn: cuerda. 2 flautas, oboes y (o) clarinetes, fagots, trompas
 trompetas, 2 o 3 trombones y 2 timbales. Beethoven dio un papel más
 importante a los instrumentos de viento en metal y a los timbales.
 El creciente individualismo del romanticismo, la búsqueda de una descripción
 realista en la música de programa y en el drama musical, impusieron numerosos
 nuevos instrumentos a la orquesta clásica (sobre todo, entre los instrumentos
 de viento en metal y los de percusión, apareciendo igualmente el arpa).
El gran renovador de la orquesta romántica fue Berlioz.
 El aumento del grupo de instrumentos de viento en madera y en metal hizo
 necesario el aumento del grupo de cuerda e hizo que la sonoridad de la
 orquesta fuera más rica e imponente (Wagner, Bruckner).
 Esta sonoridad masiva de la orquesta posromántica de un R. Strauss o de un
 Mahler, dejó lugar en Debussy a una diferenciación de la paleta orquestal
 en el sentido de la sobriedad y del refinamiento.
 La búsqueda de cierta objetividad, unida a causas de tipo económico,
 hizo que el volumen de la orquesta se redujera considerablemente después
 de la Primera Guerra Mundial (Stravinsky, Schoemberg, Webern, Milhaud,
 Hindemith).
 El grupo de cuerda, al que había sido confiada generalmente la melodía,
 cedieron paso a la batería (ritmo), a los instrumentos de viento en metal,
 en tanto que los instrumentos de música electrónica y eléctricos
 (vibráfono, Ondas Martenot, Theremine y otros), hicieron su aparición en
 la orquesta.



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martes, 17 de abril de 2012

ENCUENTRA TU ACORDE

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ChordFind es una web que tiene una aplicación estupenda para calcular acordes para instrumentos como la guitarra o el piano y también para aquellos de cuatro cuerdas, como mandolina, buzuki, etc

Tenemos diferentes variables para elegir el nombre del acorde, la especie (si es mayor, menor, etc.)
Podemos situar el acorde en distintas partes del instrumento, en el caso de la guitarra en los primeros trastes o mas adelante.
Entre los instrumentos de 4 cuerdas encontramos acordes para mandolina, ukelele, banjo, pipa, buzuki e incluso balalaika.
Es una buena aplicación si nos iniciamos en alguno de estos instrumentos o para profundizar en los acordes con distintos tipos de tensiones mas complejos.

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