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Berlioz amplió el papel y la extensión de la orquesta.
Desde sus primeras obras hizo uso del contrafagot, del
corno inglés, de cuatro trompetas, de tres o cuatro timbales
(Benvenuto Cellini, Sinfonía fantástica), del clarinete bajo, de
cuatro arpas e incluso del piano tocado a cuatro manos.
Ciertamente, todas las obras de Berlioz abundan en
efectos originales, pintorescos o graciosos, como aquel
sarcástico delclarinete «requinto» en la Sinfonía fantástica
o la utilización de cuatro pianos -caso único- en La tempestad.
Subrayemos todavía algunos curiosos procedimientos,
como el uso, más ligero, de las baquetas de esponja en los
timbales, el ataque en los instrumentos de cuerdas con la
madera del arco (col tegno), el uso extendido de la
sordina para los instrumentos de viento o la función que
desempeña la mano al tapar el pabellón de las trompas
para producir un sonido velado y corregir ligeramente
la afinación.
Todo ello Berlioz lo trata exhaustivamente en su famoso
Tratado de instrumentación, obra magistral escrita en 1844
y que es un verdadero compendio de estética musical
aplicada que aún hoy tiene autoridad.
Contemporáneo de Berlioz, aunque 10 años menor que él,
Wagner entendió la orquesta dramática imbricada dentro
de este nuevo concepto.
En realidad Wagner perfecciono las principales aportaciones
del músico francés acomodándolas a su verbo en una textura
más tupida y un aliento dramático más conforme a su
naturaleza germánica.
La gran evolución experimentada por ciertos instrumentos
va a permitir nuevas aventuras y especulaciones tímbricas;
casi podría decirse que las nuevas potencialidades
de la orquesta nos sitúan ante un instrumento colosal, de
registros sutiles, que muy poco tiene que ver ya con la plantilla
clásica del siglo anterior.
Los principales protagonistas de estos cambios van a ser los
instrumentos de metal y su proliferación dentro de este
organismo sonoro servirá para cumplir no una función
subsidiaria, como en la orquesta de Haydn, sino un papel
esencial.
Estos instrumentos van a permitir, gracias al mecanismo
de los pistones, obtener todos los sonidos de la escala
cromática y participar de pleno derecho en la textura orquestal.
Éste es, sin lugar a dudas, el progreso técnico más
considerable que aportó el Romanticismo a la orquesta.
A partir de aquí, al sentirse progresivamente liberada,
la orquesta aumentó su potencia y su registro.
La suma de instrumentos diversos añadió mayor complejidad
a la partitura, que, si en una etapa anterior podía contar con
un número discreto de pautas -alrededor de unas doce-
que debían leerse verticalmente, en la orquesta moderna
puede dar cabida a un número extraordinario que puede
llegar a 40 pentagramas simultáneos
. La nueva potencia del metal exigió, pues, un nuevo equilibrio
de toda la masa instrumental, de modo que el número de
las cuerdas pudiera llegar a compensar el peso del viento.
Pero aquí surge una pregunta lógica: si Wagner escribió
para la voz y ésta debía fusionarse con la orquesta,
¿cómo podía prevalecer por encima de un aparato sonoro
como, por ejemplo, el de la Tetralogía?
El trato de la voz en la obra de Wagner es de una
tensión y envergadura muy superiores a las de la ópera
convencional; su melodía, sus giros, la extensión de sus
saltos se ajustan al contenido del lenguaje tanto armónico
como orquestal. Wagner enten dió la orquesta como
un cuerpo unitario y él mismo -al preocuparse por la
construcción de nuevos instrumentos de metal para
intensificar la magnitud de sus dioses- calculó la sonoridad
algo tamizada de la orquesta en el foso del teatro.
En el drama wagneriano la orquesta no sólo comenta,
sino que interviene en la acción; la técnica del leitmotiv
permite reconocer por un juego de símbolos no sólo
la presencia de los personajes en la textura instrumental,
sino incluso sus sentimientos, sus intenciones,
sus pensamientos secretos, de modo que la orquesta
se convierte en un hilo conductor del drama a un nivel
subconsciente para el espectador.
Por esto su lugar es el foso, y es desde el foso desde
donde el director -coordinador de todos los elementos-
planifica el difícil diálogo voz-orquesta.
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